Después de lo ocurrido en la biblioteca, Agatha intentó concentrarse en su propio trabajo, manteniéndose ocupada en los proyectos que la habían llevado a Dubái. Sin embargo, cada vez que veía a Samer en la oficina o en casa, el recuerdo de su conversación volvía a su mente, dejándola llena de preguntas sin respuestas. Parecía que cuanto más trataba de entenderlo, más impenetrable se volvía él, y aquello la frustraba.
Una tarde, mientras revisaba algunos documentos, recibió un mensaje de Samer c