El silencio en la habitación era tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Agatha se encontraba sentada en el borde de la cama, con los dedos entrelazados, mirando la distancia, como si esperara que las respuestas cayeran del cielo. Samer había salido en busca de información, pero ella no podía dejar de pensar en lo que acababa de ocurrir. Algo había cambiado en él, algo que ni siquiera él podía comprender aún. La tensión entre ellos se había incrementado, y cada minuto que pasaba parecía