El silencio de la habitación era tan denso que parecía envolverlo todo. Agatha miró a Samer, quien estaba sentado en el borde de la cama, con el rostro cubierto por sus manos. Las palabras que acababan de intercambiar aún resonaban en el aire, cargadas de una mezcla de miedo, incredulidad y determinación.
—No podemos dejarlo así, Samer —dijo Agatha, su voz firme a pesar del temblor en sus manos.
Samer levantó la mirada, sus ojos oscuros brillaban con una intensidad que hacía evidente la torment