Agatha caminaba de un lado a otro en el refugio, incapaz de concentrarse en nada más que en la misión de Samer. Las horas se sentían interminables y cada sonido del exterior hacía que su corazón diera un vuelco. Khaled trataba de mantener la calma mientras revisaba nuevamente los datos recopilados, pero incluso él no podía evitar lanzar miradas ansiosas hacia la entrada cada pocos minutos.
—Esto es una locura —dijo Agatha finalmente, deteniéndose frente a Khaled—. Han pasado demasiado tiempo af