La mansión de Samer estaba en silencio, una calma inquietante que contrastaba con los eventos recientes. Agatha se encontraba en la biblioteca, mirando sin ver los títulos de los libros que decoraban las paredes de madera oscura. La conversación con Samer, después del ataque, la había dejado intranquila. Sabía que tenía razón, que no podían seguir avanzando de la misma manera sin prepararse para las crecientes amenazas, pero también sentía una presión en su pecho, una sensación de inevitabilida