El amanecer se filtraba por la ventana de la habitación de Agatha, inundando el espacio de luz suave y dorada. Mientras se desperezaba en la cama, sus pensamientos volvieron a la noche anterior con Samer. Recordaba el calor de su mano, sus palabras llenas de sinceridad, y no podía evitar sonreír. Algo en ella había cambiado, una sensación de calma la rodeaba, como si hubiera encontrado un poco de paz en medio del caos de sus emociones.
Esa mañana, se sentía renovada. Decidió comenzar el día de