El aire fresco de la noche envolvía a Agatha y Samer mientras regresaban del restaurante. Las luces de la ciudad brillaban con intensidad, reflejando la emoción que sentía Agatha en su interior. Había algo especial en Samer que la hacía sentir viva, como si cada momento compartido fuera un nuevo descubrimiento.
—¿Te gustaría dar un paseo por el parque? —sugirió Samer, rompiendo el silencio que había caído entre ellos. Su voz tenía un tono suave, casi íntimo.
—Me encantaría —respondió Agatha, so