El sol apenas iluminaba el horizonte cuando Agatha, Samer y Zain se acercaron al edificio que albergaba la oficina de Al-Fayed. La tensión en el aire era palpable; cada uno de ellos sabía que estaban a punto de dar un paso decisivo que podría cambiar sus vidas para siempre.
Zain, con una mochila llena de equipo, se detuvo en una esquina, revisando su reloj.
—El cambio de turno será en diez minutos. Debemos movernos rápido.
Agatha respiró hondo, sintiendo cómo su corazón latía aceleradamente.
—¿