Reina
“Oh, joderme, Caine. Por favor.”
Las palabras eran una plegaria entrecortada, susurrada al calor de su piel mientras se cernía sobre mí. Caine no respondió con palabras. En cambio, se inclinó y capturó mis labios en un beso ardiente y posesivo que sabía a sal y a hambre visceral.
Su lengua se adentró en mi boca, rozando la mía con una dominación que me hizo dar vueltas la cabeza. El beso se intensificó, y cuando mordió mi labio inferior, casi pierdo el control.
Como si eso no fuera pura t