Ella se frotaba contra el hueco de su cuello, con un tono melódico en su voz, impregnada de un suave encanto.
Mauricio sentía que la parte donde ella lo había rozado comenzaba a arder, desordenando su respiración, pero aún así, mantenía una mirada clara y serena. Agarró del cuello a Valeria y la apartó.
Valeria, persistente, se acercó nuevamente y lo besó.
De repente, mordió con fuerza el labio inferior del hombre, no soltándolo hasta hacerlo sangrar. Luego se apartó.
—Ayer por la noche me mordi