Al ver un puesto que vendía manzanas y fresas acarameladas, Valeria se acercó corriendo.\N—Quiero una brocheta de fresas acarameladas.
—Claro, cinco dólares, —respondió el vendedor.
Valeria estaba a punto de abrir su bolso para sacar dinero, pero se detuvo y miró a Mauricio.\N—No traje efectivo, señor Soler, ¿podrías pagar tú?
—¿Acaso parezco alguien que lleva efectivo encima? —Mauricio solo llevaba su teléfono.
—Entonces usa Apple Pay, —dijo Valeria tomando las fresas acarameladas del vendedor—