Si bien Teresa era la hija predilecta de Doña Rosalía y Mauricio siempre la había tratado con mucho respeto, ese día, Teresa sintió una amenaza velada bajo la frialdad del hombre.
Teresa soltó una risa sarcástica y, deslizándose en la silla que tenía a un lado, se sentó.
—Mauricio, no solo soy tu tía de sangre, si no hubiera estado de tu lado, ¿crees que habrías podido tomar las riendas de los Soler?
—¿Ahora me vas a voltear la espalda por una mujer que no tiene importancia?
—Ella no es cualquie