XXI
“Él y yo habíamos discutido. Minucias de la competencia, pero la verdad sentía que a veces no me tomaba en serio como contrincante. Siempre estaba seguro, claro estaba, era ya el portador de muchas glorias, cómo no iba a despedir arrogancia de vez en cuando. Nos sentamos a almorzar muy lejos el uno del otro después del entrenamiento, pero sabiendo que yo era incapaz de sostenerle una sola de sus miradas de miel, me veía fijamente. Yo apenas si podía tropezar con sus ojos y seguir comiendo c