Poco después, tras acompañar a una nerviosa Irene hasta la puerta, me giré y fulminé con la mirada a Fawna.
—¿Algún problema?
Fawna llevaba demasiado tiempo conmigo como para que le afectara ese tono cortante.
—Para nada. —Me dedicó una sonrisa serena y preguntó—: ¿Quieres que le envíe una invitación personal a la señorita Dudeck? Seguro que le encantaría… deslumbrarte personalmente en el baile, Dominic.
Le gruñí y luego dirigí mi mirada a Aleena. Cuando lo único que hizo fue dedicarme una sonr