Mientras el camarero se alejaba, Dominic me miró. Metió la mano en el bolsillo de su abrigo. —Debería darte esto.
La cadena del collar de mi abuela brillaba con la tenue luz del techo. —No querría que olvidaras el motivo de tu visita.
Mi corazón dio un vuelco al verlo y casi se detuvo cuando nuestros dedos se rozaron. Un nudo se me formó en la garganta y lo miré. Me observaba, con la mirada fija en la mía.
—Gracias —dije, con la garganta casi seca. Mientras seguía mirándome, una sensación extra