Ni siquiera me había dado cuenta de que me había tapado hasta que lo dijo.
Me rodeó, acercándose cada vez más hasta quedar detrás de mí. A través de sus pantalones, sentí su miembro rozándome. Me rodeó con los brazos y me acarició los pechos.
«Exquisito». Su aliento era cálido contra mi oreja. «Tienes un cuerpo precioso, Aleena. Nunca lo olvides. Nunca lo ocultes».
Sus dedos se cerraron alrededor de mis pezones, haciéndolos girar mientras se endurecían. Solté un gritito de sorpresa cuando los p