Me encontré en casa de Molly.
En los últimos meses se había convertido en mi mejor amiga y había pocas cosas que no pudiera contarle, pero después de que me hiciera pasar y pusiera una taza de café caliente en mis manos congeladas, simplemente negué con la cabeza.
—Ojalá me contaras qué te pasa —dijo, acurrucándose en su viejo sofá a mi lado—. Es decir… me imagino que es por Dominic. Estábamos hablando hace un rato, pero ahora pareces como si te hubiera dicho que los cuentos de hadas no existen