Capítulo 124

Despertar de una cesárea es como volver de la guerra con el cuerpo cosido a la mala.

Abrí los ojos en una habitación que no era el quirófano. Era una suite privada, con paredes color crema y flores frescas que olían a disculpa cara.

Al intentar moverme, un dolor agudo y ardiente me atravesó el bajo vientre, como si me hubieran cortado por la mitad y me hubieran vuelto a pegar con fuego.

Gemí.

—Quieta —dijo una enfermera que estaba ajustando el suero—. La anestesia está bajando. Le dolerá.

—¿Dón
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