El techo del quirófano era un mapa de luces blancas que giraban como estrellas borrachas.
Sentí el pinchazo en la vía. El anestesista dijo algo sobre "sedación ligera para calmar la taquicardia", pero sus palabras sonaron como si vinieran desde el fondo de una piscina.
El mundo se volvió algodonoso, distante.
Mi cuerpo ya no era mío.
De cintura para abajo, era un bloque de madera inerte. De cintura para arriba, era un manojo de nervios gritando en silencio.
—Bisturí —pidió el cirujano. Su voz e