El sol de Nassau derramaba oro líquido sobre la playa, el aire cargado de sal y promesas rotas. Valeria Cruz, estaba en una suite de un resort en las Bahamas, frente a un espejo de marco plateado. El vestido de novia, un torrente de seda y perlas, abrazaba su figura como un susurro cruel, su velo cayendo como una cortina que no podía apartar. Un mes y medio después de la operación de Luis Morales, el hombre que había donado parte de su hígado para salvar a Pablo, su sobrino, Valeria estaba aquí