Capítulo 7.6: El vigilante.

Atenea dudó, luego, habló con cautela, una muy extraña en ella.

―Tabatha y Samael no eran simples hechiceros, jugaban con magia que estaba lejos de nuestro entendimiento ―dijo frunciendo el ceño con ligereza ―Además, las últimas palabras de Tabatha me hacen pensar que esa mujer planeaba algo más ―

― ¿Algo más? ―preguntó Lancelot

―Esa mujer no tenía instinto maternal, no sentía amor, ¿por qué mencionar a su hija? ―preguntó Atenea ―Esas palabras más la reciente sensación de ser observados me hace
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