Capítulo 6.4: El ego del hechicero.
―Sí, pero ese entusiasmo podría ser peligroso ―dijo Anna negando con la cabeza ―Sandy, ¿podrías encargarte de que Marianne sea discreta? ―le pidió a la joven antes de ponerse su anillo
―Si mi señora, por supuesto ―dijo Sandrine antes de apresurarse a seguir a Marianne
―Entonces… ―suspiró Anna mirando a Zeth ― ¿A dónde vamos? ―preguntó tomando el paquete de galletas que Sandrine había llevado ―Pensé que no podíamos salir del palacio ―
―No podemos, pero, como dije, saldremos con Arioch y Mendel,