Capítulo 12.3: La bendición de la Diosa.
Ante el repentino silencio de su diosa, Amara levantó la cabeza para poder mirarla.
Por algún motivo, Selene había sucumbido al llanto, sin embargo, lo hacía en silencio y con los ojos cerrados, lo que le daba una apariencia más frágil.
Conmovida por la imagen, Amara acercó su rostro lentamente al de la diosa, y con suma delicadeza, la loba comenzó a limpiar sus lágrimas.
― “¿Qué sucede?” ―preguntó cuando Selene, apoyó su frente contra la de Amara
―Cuando la avaricia y el poder supera su lazo,