Sam, Clair, Xander y Ahir estaban a unos kilómetros de la madriguera. En las últimas horas, habían avanzado con pasos ligeros, impulsados por la ansiedad de ver a su luna recuperada. El agotamiento pesaba en sus cuerpos, pero ninguno se detenía. No había tiempo para el descanso.
De repente, Clair se detuvo bruscamente, dejando tras de sí un rastro de tierra removida. Su respiración se agitó y abrió los ojos con asombro, con una sensación punzante recorriéndole el pecho. El vínculo de la manada s