Con pasos lentos y cálidos, Kogan se adentraba en el espeso bosque, llevando a su luna entre sus brazos. Cristal, con sus brazos suavemente entrelazados alrededor de su cuello, disfrutando de la cercanía de su compañero. La unión de sus pieles era tan intensa y adictiva que ninguno de los dos deseaba separarse.
Kogan desvió ligeramente la mirada para encontrarse con los ojos de Cristal. Ella lo observaba dulcemente, con la misma expresión que, hacía unos momentos, había logrado convencerlo de cu