En su despacho, Kogan reflexionaba sobre cómo explicarle la situación a Cristal sin hacerla sentir en peligro. 2 días habían pasado y su habitación estaba hecha pedazos. Su pareja había destruido todos los muebles, incluyendo su ropa.
Kogan al ingresar a su habitación, Cristal, inmediatamente iniciaba a gritarle y arrojarles todo lo que tenía a mano. Su luna se negaba a escucharlo, y tanto él como su lobo anhelaban estar cerca de ella.
Les resultaba imposible contener sus instintos de apareamie