97. LA CRUEL REALIDAD.
La noche se había convertido en un espectro frío que se adhería a Verónica. Treinta horas. Treinta horas de terror silencioso junto a su bebé, un recuerdo que la perseguiría hasta en el más breve parpadeo.
Ahora, a salvo, el shock se cristalizaba en una lucidez dolorosa. Su mente era un campo de batalla donde el trauma de las horas de cautiverio luchaba contra una revelación aún más siniestra.
«¿Cómo no lo vi?», se preguntaba una y otra vez.
Su amigo. Su confidente de un año en la lumin