Tres días de vida.
—Nuera, no te asustes. Vámonos con el regente militar. Él cuidará de ti… y yo también —dijo Ana, envolviendo a Scarlet con la seguridad que solo una madre podía transmitir.
Scarlet dudó, pero finalmente asintió, confiando en Ana. Aun así, no dejó de mirar a Reiden con un recelo que casi podía cortarse con tijeras.
De inmediato, los soldados la rodearon como si escoltaran a un presidente en plena cumbre internacional. Avanzaban compactos, hombro con hombro, atentos a cualquier amenaza en cada es