Mitades perfectas.
Derek sonrió con esa calma peligrosa que la desarmaba.
—Lunita… no me mientas. Pensaste en mí de forma candente. Pude sentirlo. —Su voz bajó aún más, solo para ella—. Por tu culpa pasé toda la tarde excitado. Casi me quedo sin piel en mi mano derecha de tanto que me mordí.
Para remarcarlo, movió apenas su pierna contra la de Scarlet, dejándole sentir, sin lugar a dudas, lo que decía.
Ella se puso roja como una hoguera y miró nerviosa a todos los presentes. Por suerte, nadie parecía prestarles a