La rabieta de Paola.
El salón quedó en un silencio incómodo. Scarlet abrió los ojos como platos, su madre tosió con nerviosismo y Lioran se llevó una mano a la frente como si quisiera desmayarse y terminar con su sufrimiento.
Derek, en cambio, se detuvo a medio camino. Respiró hondo, muy hondo, tanto que cualquiera juraría que estaba inhalando paciencia en dosis industriales.
Yeho, su lobo interior, rugió furioso dentro de él, exigiendo respeto.
#¡Démosle una bofetada! ¡Al menos una! ¡Enséñale a esa mocosa que nadi