Lunita obstinada.
Ana bajó la mirada, temblando. No de miedo, sino de culpa.
—Lo sé, hijo… —susurró—. Olvidé lo perjudicial que es este lugar para un humano y dejé entrar a mi nuera. Te juro que no lo hice con malicia. Estaba tan angustiada, me dolía tanto verla sufrir… que olvidé algo tan importante. Merezco ser desterrada.
Derek iba a responder, pero la carcajada de Reiden lo interrumpió.
El guerrero reía con ganas, aunque sus ojos seguían clavados en Scarlet, desmayada en los brazos de su supremo.
—¡Supremo!