El complot de las suegras.
Tan pronto la puerta del ascensor se abrió con un ding en medio del salón principal del penthouse, Scarlet se relamió los labios al captar el aroma envolvente y delicioso de carne asada.
—Mmm... ¡Esto huele a cielo con grasa! —murmuró con una sonrisa golosa.
Derek, en cambio, frunció el entrecejo, confundido.
—¿Carne...? Pero yo no pedí cena a las sirvientas… —murmuró entre dientes, apretando los labios. Él siempre se encargaba de alimentar a su lunita. Él, no las demás.
Scarlet, con la emoción