Dormir contigo... y sobrevivir al intento.
—¿¡Qué diablos haces aquí!? —chilló, escondiéndose detrás de la puerta, como si esta pudiera protegerla de ese cuerpo con abdominales de escultura renacentista y sonrisa de pecado.
Derek estaba ahí, en su cama, recostado como un príncipe en su trono, hojeando un libro como si el mundo no ardiera para Scarlet.
—Dijiste que podíamos dormir juntos —respondió él con total serenidad, pasando la página como quien lee un tratado filosófico y no un manual de conquista silenciosa.
—¡Pero eso no te da de