Capítulo 51 — La verdad genética
Narrador:
La sala no tenía nada de solemne.
No había banderas, ni bancos de madera pulida, ni símbolos que hicieran pensar que allí se iba a decidir una vida. Era un espacio funcional, casi frío. Una mesa larga. Carpetas apiladas. Un juez cansado. Un secretario con cara de trámite.
Lucía se sentó derecha, con las manos apoyadas sobre sus piernas. No se aferró a Rodrigo, no buscó refugio físico. Había pasado demasiados días sosteniéndose como para caerse ahora.
Ro