Capítulo 50 —La espera
Narrador:
La espera no fue silenciosa.
Fue espesa, incómoda y cruel.
Rodrigo consiguió un hotel a pocas cuadras de la casa donde estaba el niño. No uno lujoso, no uno que pareciera una huida elegante. Uno funcional, discreto, cerca. Lo suficientemente cerca como para sentir que no estaban abandonándolo otra vez.
Lucía no discutió la decisión. Cuando Rodrigo le mostró la llave de la habitación, solo asintió.
—Gracias —dijo—. No quiero irme lejos.
—No nos vamos —respondió él