Capítulo 58 — La sangre no miente
Narrador:
La sala estaba llena, pero el aire parecía detenido.
No había murmullos, no había susurros nerviosos. Solo ese silencio espeso que se instala cuando la verdad está a punto de caer y nadie quiere ser el primero en respirar después.
Lucía estaba sentada con la espalda recta. No rígida, no desafiante. Entera. Había aprendido a sostenerse así, desde que entendió que nadie más lo haría por ella. Rodrigo estaba a su lado, presente, atento a cada gesto, a cad