MADRE SOLTERA

Janette entró al hospital y se dirigió directamente a la habitación de la Tía Maryanne.

—Tía, te traje frutas. Te harán muy bien para tu… —sus palabras se atascaron en su garganta al ver a Genevieve sentada con Tía Maryanne.

Genevieve le sonrió.

—Buenos días, doctora.

Janette alzó una ceja. ¿Qué era esa sonrisa y esa formalidad? Espera… si antes ella era la que odiaba que la mujer fuera informal con ella, ¿significaba eso que Genevieve por fin la dejaría en paz?

—Eh… parece que estás ocupada ah
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