Después de que el pastel estuvo listo, Janette lo sirvió en los platos y sonrió. Escuchó a alguien corriendo hacia la cocina y se giró justo a tiempo para ver la puerta abrirse y a Ethan entrar corriendo. Los pequeños ojos de Ethan se agrandaron en cuanto vio a Janette.
—¡Mami! —gritó, abriendo los brazos.
Janette sonrió y lo levantó, plantándole besos en la cara.
—Mi dulce héroe —dijo, dándole otro beso en la mejilla—. ¿Ya te despertaste?
Ethan asintió.
—La abuela me leyó un cuento y me dormí