La paz no llegó con el fin del chat, sino con la tregua. Elsa había ganado unos días de respiro, y los usó para sumergirse en la burbuja de la estabilidad que Leo construía. El martes, el día de la cita fallida, pasó sin incidentes. Leo la besó antes de salir a trabajar, sin sospechar que su futura esposa había estado a horas de una traición. La calma era un bálsamo y, a la vez, una trampa.
Elsa se enfocó en sí misma. Se obligó a seguir el plan de salud que Leo supervisaba con devoción. Recordó