El entrenador la sostuvo firmemente y comenzó a hablarle suavemente, como si tratara de mantenerla consciente. Pero Luciana, todavía desorientada, apenas podía escuchar. Su visión se mantenía borrosa, y todo lo que lograba ver era un par de rostros que se inclinaban sobre ella, preocupados.
—Necesitamos que despierte, que nos diga si se siente bien —dijo una voz femenina desde algún lugar cercano.
Luciana intentó abrir los ojos, pero la luz del salón le resultó abrumadora. Sentía como si su men