Alejandro la abrazó con fuerza, sintiendo cómo su corazón aún latía desbocado. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero al mismo tiempo, sentía una profunda gratitud al ver que Luciana había recuperado la conciencia. Sus manos temblaban mientras le acariciaba el rostro, su voz quebrada por la emoción.
—No quiero perderte... No puedo vivir sin ti, Luciana. —dijo, en un susurro, como si esas palabras fueran las más importantes que había pronunciado en su vida.
Luciana lo miró, aún débil, pero co