—Tranquila, pequeña —susurró Marcela, mientras Isabella, siempre atenta a los detalles, se aseguraba de que nadie las viera mientras salían del edificio.
Caminaron por el largo pasillo con pasos silenciosos, asegurándose de evitar cualquier mirada curiosa. Los pasillos eran largos y las luces blancas proyectaban sombras que hacían el ambiente aún más tenso. Isabella miraba a ambos lados, alerta, mientras ajustaba la puerta de salida para que se cerrara sin hacer ruido.
Al llegar a la camioneta,