87. Nunca.
Vicente me mira, su rostro una mezcla de furia y dudas. Pero antes de que pueda decir algo, otro hombre entra corriendo.
—¡Vicente! —grita, casi sin aliento—. Acaban de atacar la casa de tu madre.
Vicente se congela. El aire en la habitación parece detenerse, y por primera vez, lo veo realmente afectado. No es el imperio, no son los almacenes, ni siquiera su orgullo. Es su madre.
Y ahí es cuando lo sé: la Reina ha ganado esta ronda. Pero lo que no sabe es que su movimiento inesperado también ha