88. ¿Charlar?
Con la mano temblando solo un poco, empujo la puerta con el pie y entro lentamente. La oscuridad es espesa, pero mi instinto me dice que no estoy sola.
—Sabía que no tardarías en aparecer —dice una voz familiar desde la penumbra.
Y ahí está. Sentada en mi sofá, como si fuera la dueña del lugar, la Reina. La misma mujer que, hace solo unas horas, parecía haber desaparecido del mapa. Ahora está aquí, en mi espacio personal, con una calma inquietante.
—¿Qué demonios haces en mi apartamento? —pregu