151. El verdadero plan.
El olor a pólvora es sofocante, pero sigo adelante, mis piernas moviéndose como si tuvieran vida propia. Nos escondemos detrás de una pila de cajas, el sudor corriendo por mi frente mientras mis manos tiemblan. Vicente está a mi lado, aún calculando cada movimiento como si esto fuera solo otro día en la oficina.
—¿Tienes algún plan brillante? —le digo, tratando de mantener el sarcasmo en mi voz, aunque lo único que quiero es salir de este infierno con vida.
—Siempre, —responde, con una sonrisa