152. No bromees.
El silencio entre nosotros se vuelve tan espeso como el aire de la fábrica. Vicente me mira con una intensidad que nunca había visto antes, una que casi me asusta. Su mano aún descansa en mi mejilla, y aunque es un gesto suave, cargado de algo que no puedo descifrar del todo, también lo siento como un recordatorio: este hombre siempre ha tenido el control.
—Mantenerme viva, ¿eh? —respondo, tratando de sonar casual, aunque mi voz tiembla un poco—. ¿Por qué no me sorprende que siempre estés dos p