94.
Lola contuvo la respiración al escuchar esas palabras. Por un instante, su rostro mostró una mezcla de esperanza y temor. Destruir a Alexander significaba guerra. Significaba exponer heridas viejas. Significaba poner en riesgo algo más que dinero. Pero también significaba posibilidad.
—¿Estás… segura? —preguntó en voz baja, como si temiera que el aire mismo pudiera romper esa decisión.
Camila no dudó.
—Nunca he estado más segura.
El murmullo del café quedó lejos. El ruido de tazas, conversacion