95.
Alexander no durmió esa noche. Revisó expedientes, informes antiguos, registros financieros, historiales académicos, informes psicológicos… todo. Pero lo que más le inquietó no fueron los datos objetivos, sino los huecos: los silencios, los períodos en los que Camila había desaparecido del registro, los movimientos que parecían irrelevantes pero que, puestos en orden, mostraban un patrón. Ella nunca había sido improvisación. Siempre había sido cálculo.
—No es peligrosa porque desafíe —murmuró—.