La ciudad no sabía lo que estaba a punto de ocurrir.
Seguía respirando con esa normalidad engañosa: gente caminando con prisa, luces encendiéndose en oficinas altas, el murmullo constante de motores y voces. Todo parecía igual. Todo parecía seguro.
Pero no lo era.
Nunca lo había sido.
Valeria bajó del edificio sin mirar atrás. Cada paso que daba resonaba en su mente con una claridad brutal, como si el mundo se hubiera reducido a ese instante preciso. No había espacio para titubeos.
No más.
Gabr