La mañana siguiente amaneció gris, pesada, con un cielo que parecía presagiar que algo estaba a punto de quebrarse. Camila despertó temprano, pero no por descanso: había pasado la noche entera dando vueltas, sintiendo que la calma de los últimos días era demasiado frágil, demasiado perfecta para durar. Gavin dormía a su lado, respirando con un ritmo lento, profundo, como si al fin hubiese encontrado un poco de paz después de semanas de tensión. Pero esa paz no tardaría en desmoronarse.
Cuando C